Patrimonio, sociedad y sentido humano: otro enfoque desde la inclusión

sep 17, 2014
cleofe

Patrimonio y sociedad conforman una relación eterna e indisociable; y, en tanto que eso es así, los mecanismos de transmisión patrimonial disponibles siempre tendrán como fin alcanzar el imaginario colectivo y enraizarse en él, a nivel individual de cada persona y en la visión más amplia de un panorama cultural genérico. Valores, ideas, sentimientos, emociones, recuerdos… Bullen y se proyectan a través del objeto cultural-patrimonial; éste es un dato ineludible en el que hemos de reparar cuando una obra de arte se expone en un museo porque, de ahí, emergen los vínculos que se han de tejer entre el objeto patrimonial, los contextos y las personas, conduciéndonos así a la aparición de la educación patrimonial.

En este sentido, y en un intento de clarificar un planteamiento museográfico concreto, cabría poner de manifiesto una serie de interrogantes que, a título personal, me parecen reveladores, tales como: ¿qué objetivos o metas queremos alcanzar? ¿Desde qué perspectiva museológica lo queremos realizar? ¿Qué mirada social y del mundo va a orientar nuestra propuesta? Si estás preguntas nos rondan, hemos de considerar que mantenemos una “intencionalidad” en nuestra acción, y si esa intencionalidad busca tender puentes entre el patrimonio y las personas como individuos activos, capaces de aprender; estaremos inmersos en una clara dialéctica pedagógica de aprendizaje longitudinal y amplificador (en tiempo y espacio). Por consiguiente, siguiendo estos supuestos, tendremos oportunidad de confeccionar una metodología didáctica concreta, adaptada a las necesidades que imperen en ese momento y contexto para desarrollar la función social que se estime oportuna, incidiendo en el desarrollo humano y las potencialidades de las gentes. Por tanto, aquello que se muestre al público y la manera de enfocarlo, dependerá, en gran medida, de nuestra filosofía de planteamiento en la exposición y de nuestras metas a lograr. Es lo que Fontal denomina “Didáctica de autor”.

Mi reflexión se moldea, según estas consignas, a partir de esta idea: para que el patrimonio cale hondo y cobre sentido en las personas, es necesario que éstas lo sientan suyo, para ello se hace indispensable, una adecuada comprensión, interpretación e interiorización del mensaje; sea cual sea el tipo de público y sus características, la persona o grupo que aprende debe formar parte de una dinámica activa de prácticas enriquecedoras facilitadoras del aprendizaje (a través de la labor de los profesionales que desarrollan su ejercicio en el espacio museal); sólo bajo estas premisas, el museo es capaz de acoger la esencia patrimonial como un espacio de significación y resignificación constante; teniendo presente que este aprendizaje entablará un diálogo continuo con el bagaje previo que cada persona lleve consigo en su mochila inmaterial y que, en ligazón a ésto, la posibilidad del aprendizaje informal siempre está vigente.Hjemmesidereklame_large

Creo oportuno incluir dos metáforas clarificadoras que proveen de esencia al proceso de “cómo enseñar a aprender” (de las huellas del pasado o de nuestro presente) y nos ayudan a encajarlo de una manera más profunda, según el discurso de Calaf y Fontal (2007, 69), la educación patrimonial es el “puente” que vehicula el matrimonio: patrimonio y sociedad, mediante el desarrollo de la secuencia: conocer-comprender-respetar-valorar-disfrutar-transmitir. Estas palabras ilustran la posibilidad de formar parte de la cultura despertando la sensibilidad de aprender a aprender en un lugar de encuentro con nosotros mismos, como es el museo. Desde este entender, la museografía didáctica tiene mucho que ofrecer caminando por estos derroteros…

El Norwegian Emigrant Museum (Noruega), podría ser un ejemplo, “la finalidad de este museo estriba en investigar los procesos de emigración, inmigración y migración de retorno característicos de este contexto geográfico. Está centrado en la historia del país y los movimientos migratorios acaecidos desde 1825 hacia países como Estados Unidos, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, así como el movimiento de retorno de generaciones a mediados del siglo XX en busca de sus raíces” (Escarbajal y Martínez de Miguel, 2012).

La visión de una cultura patrimonial de mundo es la que subyace a estas propuestas, ya no hablamos de inclusión en términos de discapacidad o de diferentes capacidades, sino de inclusión como medio de interacción humana, en todas sus acepciones para la composición del mundo.

BIBLIOGRAFÍA:

- CALAF, R y FONTAL, O (2007): “Metáforas para conceptualizar el patrimonio artístico y su enseñanza” en R. Huerta y R. de la Calle (eds.): Espacios estimulantes: museos y educación artística, Valencia, PUV, p. 69.
– ESCARBAL y MARTINEZ DE MIGUEL (2012): “El papel de la educación y los museos en la inclusión social. Una contribución desde la animación sociocultural”, Educatio Siglo XXI, 30, 2, pp. 445-466.

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